Un sábado,
de mañana,
con el 21
estuve
a pasar la
ITV,
aunque no
de buena gana.
Allí
a la falda del cerro
de San Cristóbal
llamado
entré
yo tan confiado
como del buen
amo el perro.
Al lado de
la oficina
paré
el motor de mi coche,
entré,
¿pagué sin reproche?,
y regresé
a mi berlina.
En la última
inspección
con pesetas
les pagué.
Cinco mil
la broma fue.
Ahora en euros
ya más son.
Tiré
un poco hacia delante,
y en una nave
un señor
me miró
con precisión
los gases
contaminantes.
Está
bien, puede seguir.
Los papeles
me entregó;
pisé
el acelerador
y hacia otra
nave me fui.
Tuve que
esperar un rato,
pues había
larga cola.
Lo de la cola
no mola,
esperar es
siempre ingrato.
En los nuevos
barracones,
por la puerta
dos entré,
también
se entra por la tres,
la uno es
para camiones.
Me mandaron
avanzar
hasta un punto
de control:
Luz
de cruce... Posición...
La larga...
Puede apagar.
Dé
la intermitencia izquierda.
Derecha. Abra
el capó.
(¡Huy!,
manguitos y motor...,
anda que no
tendrán mierda).
Baje y suba
ventanillas.
Ya voy,
achucho el botón.
Me tira del
cinturón.
¡Coño
macho, que me pillas!
Las ventanillas
de atrás:
abre una puerta,
se cuela,
le da a las
dos manivelas.
De acuerdo,
correcto está.
Ahora meta
la primera...
(Todo
hasta ahora, al dedillo).
Apoye
en esos rodillos
las dos ruedas
delanteras.
Suelte el
freno... Eche el de mano.
Saque ruedas
delanteras
y coloque
las traseras;
vuelva a frenar,
vamos, vamos.
A ver esas
escobillas.
Active el
salpicadero.
¿Tendré
agua?. Eso espero.
Pues no hay,
las gomas chillan.
Chillan,
que hasta da dentera.
Cómo
no van a chillar;
si están
harto desgastás;
como que son
las primeras.
Además,
sin agua está
el jodido
recipiente:
no hay ni
fría ni caliente,
no la hay
dulce ni salá.
Diríjase
al foso aquel;
yo le guío,
venga, siga;
pare cuando
yo le digaaa...
¡Ya
se puede detener!
Al foso voy
a bajar,
y usted girará
el volante
solamente
en el instante
que yo le
mande girar.
Más
vale que en tal instante
un camión
no esté pasando
a tu par,
y acelerando,
pues te cagas
Bustamante.
El del foso
chillará,
mas si no
para el camión
es que no
le oye ni Dios
y lo mismo
le va a dar.
A mí
me ocurrió y qué mal
lo pasé,
os lo aseguro.
¡Qué
sudores y qué apuro...!
Siniestra
fatalidad.
Por fin el
camión se fue
y pude oír
al del foso,
que me dijo
el tío asqueroso:
¡¡¡¿quiere
girar de una vez?!!!.
Hacia la
izquierda giré,
mas sentí
golpes abajo.
Este me manda
al carajo
el cigüeñal
y el palier.
Luego siguiendo
instrucciones,
giré
en sentido contrario
para que aquel
operario
cumpliera
bien sus funciones.
Me miró
la dirección,
y alguna que
otra cosilla:
los discos
y las pastillas,
las bielas
y el radiador.
Salga
de los barracones
y vuelva tras
aparcar;
aún
le tengo que dar
unas cuantas
instrucciones.
Hasta más
ver le dirás
si no tienes
faltas graves;
mas si las
tienes ya sabes...,
las tendrás
que subsanar.
Y te tocará
volver
con las faltas
arregladas;
no tendrás
que pagar nada,
pero no gusta,
¡joer!
La rueda
trasera izquierda
está
baja de presión;
le pierde
aceite el motor,
no cierre
el capó con cuerdas.
Eche agua
en el bidón
y cambie las escobillas;
fundidas hay
tres bombillas,
picado está
el radiador.
Basta
macho, calla ya.
Para ti está
pal desgüace.
¡Con
el servicio que me hace,
tú
le quieres desguazar!
Los niños
me le han rayado,
abollado los
mayores;
defecado los
gorriones,
estando recién
lavado.
Su territorio
han marcado,
impregnando
sus olores,
perros de
todos colores,
callejeros
y adiestrados.
¡Y
qué averías me ha dado!
Motor, amortiguadores,
calefacción,
purgadores...,
los manguitos
reventados.
Estando de
vacaciones
me dejó
una vez tirado.
Pero siempre
me ha gustado
por todas
sus prestaciones.
No es por
farolear;
pero cargao
que revienta,
sube en quinta
a ciento treinta
la cuesta
de Zaratán.
Mire,
para que se empape,
le voy a hablar
sin tapujos,
en las ruedas
no hay dibujos,
suelto va
el tubo de escape.
Lo
siento, pero tendrá
que repetir
la inspección,
faltas graves
todas son.
No puede así
circular.
Volví
al sábado siguiente
con el coche
reparado.
Ahora
sí está en buen estado
y no hay riesgo
de accidente.
Como recuerdo,
al final,
te dan una
pegatina.
Póngala
en cualquier esquina
adelante,
en el cristal.
Unos vamos
de año en año;
otros con
más dilación,
y es que es
una obligación
donde no caben
amaños.
Ponte al
día Serafín.
Si no la
tienes pasada
y te paran,
¡qué putada!;
multa la Guardia
Civil.
Un
robo es esta inspección,
le dije a
mi padre anoche.
Él
de hombros se encogió
y me dijo
muy guasón:
Yo,
como no tengo coche...
Noticia de
última hora.
Esto es maravilloso;
dice que junto
a los fosos
hay altavoces
ahora.
Carlos
Valentín Gil
-1 de Marzo de 2003-
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